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Desde la barrera
 
Daniel Faura: “La incertidumbre debe estimular a los auditores para innovar y generar nuevos campos de actividad”
 
Entrevista a José Javier Contreras
 
Por Javier Vilella
10/02/2021
 
Un humanista de nuestro tiempo, gran conocedor de la condición humana, siempre con una vocación emprendedora, con muchas inquietudes, que mira de frente a la vida con riesgo e ilusión y nunca pierde la sonrisa. Es emotivo y le encanta cultivar las emociones. Aprendió el significado de la palabra resiliencia tras experimentar la muerte de un gran amigo, socio y compañero. Admira la multidisciplinariedad como los personajes más importantes del Renacimiento. Su afición favorita es la formación permanente que lleva practicando toda su vida. Ha cumplido su sueño, vivir una vida plena. Su generación, la de los baby boomers, personas nacidas entre 1946 y 1964 durante la explosión de natalidad posterior a la Segunda Guerra Mundial, tuvo la oportunidad de ir creciendo e ir gestionando ese estado del bienestar donde todo estaba por hacer y que terminó regalándonos la transición y la democracia. Para ellos lo importante en su juventud era ganarse la vida. Así, a primera vista, no parece el perfil de un auditor que cumple los 73 años el próximo mes de mayo, pero si les digo que la persona de la que estamos hablando es Daniel Faura, ex presidente del Col·legi de Cataluña y socio fundador de Faura-Causas, todo toma sentido.
 
Nacido en Olvan (Berguedà), un pueblo de la zona Alto Llobregat, Daniel podía haberse convertido en ese entorno rural en agricultor, “maestro herrador” como era su tatarabuelo o “escrivent” de la sucursal bancaria local como pensaba su padre. “Analizando mi pasado, desde la adolescencia, siempre he admirado mucho el cambio de profesión que hicieron mis padres a sus 40 años, pasando del entorno rural de campesino de un minifundio del Pre-Pirineo a la vida urbana. Su influencia ha marcado mi vida, porque ellos fueron siempre muy emprendedores. Pensando en el futuro de su hijo, vieron que el entorno rural no era demasiado favorable para mi desarrollo personal y profesional. Aparecí en Barcelona con 10 años, un cambio muy importante en mi vida. Mis padres se convirtieron en comerciantes. Regentaban un pequeño comercio. Este espíritu emprendedor de mis padres se contagió en mí desde muy joven. Tenía muchas inquietudes, les ayudaba en su trabajo, iniciaba proyectos entre compañeros para sacar algún tipo de rendimiento de algunas cosas que tuviéramos en común, como intercambio de cómics, organización de guateques, etc.”, relata Faura.
 
No puede hablar de una vocación temprana por la auditoría porque la palabra auditor no existía en su infancia ni en su adolescencia. Empezó a estudiar Peritaje y Profesor Mercantil en el año 1966, cuando apenas estaban recién estrenadas en España las facultades de Económicas. “En aquel momento era lo más próximo a nuestra profesión, la auditoría. Mientras estudiaba, comencé a colaborar en un despacho de un censor jurado de cuentas. Tenía 17 años y en este despacho complementaba el estudio con la práctica haciendo la contabilidad. Este fue mi primer contacto con la profesión. Encontré las practicas buscándome la vida, a través del boca orella, porque ya tenía ganas de hacer algo aparte de estudiar y comencé a complementar mi formación con trabajo”.
 
Un giro radical en su vida
 
Cuando tenía 35 años pasó por una crisis personal y se le ocurrió la idea de realizar un viaje espiritual oriental. Decidió viajar solo a la India. Algunos amigos que habían vivido la experiencia le transmitieron unas impresiones muy fuertes. “Experimenté una mezcla de historias vinculadas a contrastes sociales, espirituales, de colores, de especies, de olores… La transformación es tan fuerte en todos los aspectos que realmente percibí un cambio en mi vida. La mayor impresión sucedió durante la visita a la ciudad de Benarés, donde muchos hindús van a morir. Es una ciudad por donde pasa el Ganges y hay muchos rituales vinculados a la muerte. También visité el norte de la India, fui a la zona fronteriza con Nepal y terminé en Katmandú. A partir de este viaje hay dos cambios radicales en mi vida personal. Cuando regresé, conocí a la que todavía es mi pareja y la mujer de mi vida, Rosa. Y más o menos cuando pasó un año, cofundé Faura-Casas”.
 
Tras trabajar durante 15 años en distintos campos afines vinculados con la empresa como el sector industrial, el sector servicios y algunos trabajos en el Sector Público, en 1985, con 37 años y la experiencia de un viaje a la India a sus espaldas, Daniel decidió establecerse por cuenta propia con dos amigos, Joan Casas, compañero y cofundador de la firma, y otro compañero que falleció lamentablemente en un accidente de tráfico poco tiempo después de crear la firma, Joan Mustarós, que también era censor jurado de cuentas. “El accidente de tráfico de Joan, poco tiempo después de crear la firma, fue el momento que más me ha marcado en mi vida. Aquí aprendí el significado de la palabra resiliencia, habiéndola practicado antes sin saber lo que era. Joan siempre ha estado presente, nunca te olvidas. Incluso como homenaje a él, había que sacar el proyecto de la firma adelante y, aunque nos faltara una pieza principal, había que demostrar que éramos capaces en honor a su persona. Esta resiliencia es un aprendizaje importantísimo en la vida, es muy positivo. Tomar cualquier tipo de situación desagradable como una oportunidad de mejorar o de iniciar otro tipo de ascenso personal”, recuerda.
 
Los inicios de Faura-Casas, según explica, fueron apasionantes porque construyeron algo de la nada. “Cuando creas un proyecto así lo que te mueve es el riesgo y la ilusión, aunque no fue un camino fácil. Pensábamos que la auditoría del Sector Público podía ser una buena especialidad porque no existía prácticamente normativa desarrollada sobre ella. La contabilidad del Sector Público tiene aspectos vinculados a la contabilidad presupuestaria y al cumplimiento de la legalidad. Hoy hablamos muy fácilmente de la palabra compliance, pero esta palabra no existía en la profesión hace 35 años. Había que trabajar temas de cumplimiento de la legalidad y de eso no teníamos ninguna referencia”. Recuerda que en aquella época se aproximaron a otro compañero de la profesión, Ferrán Termes, un referente del Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España, que llegó a ocupar la vicepresidencia y fue síndico mayor de cuentas de Cataluña. “En aquel momento nos ayudó mucho y nos orientó en la práctica de auditorías de cumplimiento y nos dio una pista sobre unas referencias que había en los países escandinavos que en España no existían”.
 
Por aquel entonces, España tenía unos manuales o guías muy reducidas que eran de la IGAE y los OCEX, “casi más folletos que guías”. Tuvieron la oportunidad de conocer, gracias a Ferrán Termes, una asociación de auditores escandinavos con experiencia en el Sector Público: Organization for Local Government Auditing (OLGA). Esta Asociación estaba formada por auditores suecos, noruegos, daneses, finlandeses y holandeses. “Nos aproximamos a ellos y les comentamos que queríamos implementar este campo de actividad en España, nos apoyaron y nos admitieron como miembros de OLGA. Gracias a ser miembros, pudimos acceder a la formación práctica con esas experiencias internacionales de auditoría pública”, destaca Faura.
 
Primer manual de auditoría pública en España
 
Pasaron los años, y con la experiencia que adquirieron en casi una década de aportaciones propias y las recibidas por la experiencia internacional, adaptada a nuestra idiosincrasia y a nuestra normativa española de control interno y externo, crearon el primer manual de auditoría pública del sector en español en 2001, lo que les colocó como referente en el sector. “Era el primero que se hacía en España y Latinoamérica. Constaba de dos tomos, uno teórico y otro práctico, con programas de trabajo. Fue muy bien recibido por las Administraciones Públicas”. El prólogo lo firmaron Alicia Díaz, Interventora General del Estado de entonces, Josep María Portabella, Interventor General de la Generalitat de Cataluña, y Ferrán Termes, Síndico Mayor de Cuentas de Cataluña. “Ver en las estanterías de los interventores ese manual cuando visitaba entes públicos fue el mayor gozo. Es una satisfacción muy grande”. Fue todo un acierto comenzar en un campo donde vieron que había una necesidad de transparencia, porque no había ninguna firma de auditoría que se dedicara de forma especial al campo hospitalario y al Sector Público. Todo esto sucedió antes de que se aprobara en España la primera Ley de Auditoría, en el año 89. “Fuimos la primera auditora especializada en el Sector Público y hospitalario. Eso nos ha dado un know-how y un nombre a lo largo de más 30 años de vida de nuestra firma”, asegura con orgullo.
La interacción con las personas es otro elemento que le ha atraído y le ha gustado mucho, tanto a nivel de firma como a nivel de corporación a lo largo de su trayectoria laboral. “Es un tema que nutre a la persona y te llena, a pesar de que durante esta interacción con las personas hay momentos que no todo es agradable. Siempre hay egos, los propios y los ajenos, que hay que ver cómo gestionas o cómo concilias. De estas relaciones pueden surgir y surgen momentos de incompatibilidades o visiones no compartidas que se solucionan con una comunicación fluida, una cierta comprensión, empatía y un toque de pasión. Estos son los ingredientes para ese bienestar propio y ese crecimiento. De todo se aprende. A todo el conjunto de personas con las que te relacionas hay que tomarlas como maestros, en el sentido positivo y también en el negativo, porque igualmente aprendes con las experiencias negativas para no incidir en ellas o evitarlas”, explica Faura.
 
Auditorías de infarto
 
El estereotipo del auditor le ha perseguido a lo largo de su carrera. “Cuando empecé a trabajar, el auditor era aquella persona con un maletín negro, de traje oscuro, con porte serio y de rigor, que prácticamente tenía prohibido sonreír. Con estas características, cuando intentabas entablar una conversación de buen rollo, sin perder el rigor y la profesionalidad, con una comunicación fluida y compartir anécdotas de la vida diaria ajenas a la profesión, la gente se sorprendía y llegaba a comentarte: `No parece usted auditor´”.
 
De los primeros años recuerda una expresión que le sorprendió cuando trabajó en el Sector Público o para alguna Administración, regulada por elecciones donde cambiaban los cargos políticos: “Me llamaban para hacer una auditoría contra la gestión de otro. Había que explicarles que yo no me dedicaba a hacer auditorías contra la gestión de una persona física, sino que hacíamos auditorías financieras, auditorías de gestión o auditorías de cumplimiento, pero en nuestro porfolio no existía la auditoría contra las personas”. Faura revela que muchas veces se ha interpretado la auditoría como una herramienta para intentar perjudicar a determinados sujetos o algún colectivo durante su gestión pública. “Como si hacer una auditoría, que hemos defendido siempre que se caracterice por ser una práctica regular, periódica, de transparencia, voluntaria, fuera una práctica como arma arrojadiza con la que agredir al adversario”. Faura rememora disgustado cuando Felipe González anunció que haría `auditorías de infarto´ a las grandes empresas públicas y durante la expropiación de Rumasa, cuando era presidente del Gobierno de España. “En aquel momento esta expresión hacía poco favor a nuestra profesión. Cuando aparecías delante de un cliente, querías darle la importancia a esta profesión de que la auditoría debería ser una práctica continua, regular, periódica, de transparencia y de rendición de cuentas que debía ser incorporada en todas las empresas e instituciones”.
 
Auditoría y Covid
 
Si menciono la frase: `la auditoría en tiempos del Covid´, la primera palabra que le viene a la mente es el teletrabajo. “No podemos evitar esta situación, pero sí podemos ver cómo podemos hacerle frente. Un ejemplo es el teletrabajo. Nos parecía algo muy complicado hace unos meses y vemos que ahora mismo es algo normal que incluso puede favorecernos en la conciliación, necesaria en la vida profesional y personal”. Remarca que hay otros aspectos que el teletrabajo no suple, como puede ser la comunicación con el cliente. Faura considera que uno de los aspectos fundamentales para conocer la actividad de una entidad es ese diálogo con sus directivos, su personal, esa interacción con las personas que incluso forman parte de las normas de auditoría.
 
Además, menciona el papel que deberán tener los auditores frente a los riesgos que puede conllevar el reparto de los fondos de ayuda europeos, que van a recibir los países de la Unión, por el Covid. “Puede ser una fuente de comisión de fraudes, corrupción, malversación de fondos… si no se hace el control adecuado. Son elementos de urgencia donde se debería tener muy en cuenta al auditor. Y al mismo tiempo genera oportunidades. Estas ayudas habrá que verificarlas y el papel del auditor debería ser clave”.
 
En estos cambios acelerados que estamos sufriendo en España por el Covid, Faura también destaca la importancia de las auditorías en el análisis de procesos de las empresas por el valor añadido que pueden aportar. “Es evidente que el auditor hace auditorías, pero puede hacer muchas más cosas por su formación y experiencia. De alguna manera soy más partidario del campo más amplio del assurance que del campo de la auditoría pura y dura”.
 
Afirma que no puede suceder lo acontecido en Reino Unido, que ha requerido a las firmas de servicios profesionales que segreguen su negocio de auditoría del resto de sus actividades, a partir de junio de 2024, según el planteamiento del Consejo de Información Financiera (FRC por sus siglas en inglés), el regulador independiente del sector en ese país. “Para mí es un perjuicio para el auditor como profesional porque puede aportar muchas más cosas que la auditoría.  Las firmas se han adaptado a los nuevos tiempos y a las necesidades de las empresas, ofreciendo más recursos, nuevas herramientas tecnológicas y un mayor volumen de horas dedicadas a su trabajo. Además, las plantillas incluyen equipos multidisciplinares perfectamente organizados, donde hay expertos en diferentes áreas con la necesidad de obtener conclusiones de valor añadido, que van más allá de la mera confirmación de unas cuentas anuales auditadas. Todas estas herramientas están a disposición de las empresas para aumentar la calidad y la eficiencia de sus servicios y crear un valor añadido en sus clientes”. También habla sobre los aspectos de independencia que hay ahora en auditoría y añade: “Son mucho más estrictos y se han regulado. La independencia es fundamental y hay elementos para salvaguardarla. Además, la sociedad en general cada vez demanda más la responsabilidad social. 
 
Nuevas tecnologías y nuevos campos de actividad
 
La aceleración exponencial que está viviendo el sector con las nuevas tecnologías es inimaginable. Para Faura más que una revolución tecnología estamos ante una transformación cultural-digital. “Conceptos como ciberseguridad, conectividad, Big Data o inteligencia artificial, no estaban en nuestro diccionario. Y hoy ya no los tenemos como opción, es una auténtica dependencia. Lo único que puedes hacer es adherirte y aprender, no hay otra respuesta”.
 
Asimismo, señala otras oportunidades en otros aspectos, no solamente de auditoría, que hay que aprovechar para ampliar esas actividades. “Si llegara el momento, el auditor deberá plantearse si opta por realizar la auditoría como actividad exclusiva o, por el contrario, prefiere optar por un campo de actividad donde pueda tener más oportunidades. Acabamos de ver hace un mes otro concepto que no estaba en nuestro porfolio que se llama auditorías retributivas, que lo aprobó el Consejo de Ministros en referencia a la brecha salarial. Otra actividad nueva. Este tipo de acciones, que quizás hasta ahora no hemos tenido en cuenta y había otros profesionales de otros campos que sí que accedían, pues tendremos que ir estudiando que el auditor las incorpore como posibilidad de trabajo. También está la RSC o la Información no Financiera. La incertidumbre nos debe estimular a los auditores para innovarnos y generar nuevos campos de actividad”.
 
Y pronostica más cambios en el sector: “Lo que va a cambiar es el Smart Data, qué datos tienen más relevancia. Cada vez tienen menos sentido los informes anuales cuando la toma de decisiones en las empresas es más instantánea. Lo que hay que hacer es una auditoría permanente, continua. Este es otro concepto nuevo que puede surgir en un futuro inmediato. Dar un valor inmediato a la información de confianza. ¿Qué sentido tiene que presentes un informe con cuatro meses de retraso a una gestión determinada en un mundo como el que hoy conocemos con actuaciones a toda velocidad? La profesión se tiene que anticipar a temas de futuro. Las nuevas tecnologías nos facilitan el acceso a esta información. El sistema está cambiando en general y la sociedad nos está exigiendo esa instantaneidad. ¿Quiénes son los usuarios del trabajo del auditor o de la información? Son los que toman las decisiones y están exigiendo que las compañías trabajen en tiempo real. Va a ser una exigencia a dos tiempos. Al final prevalecerá lo que es útil, pero es evidente que todo tiende a la auditoría instantánea, tanto en el Sector Público como en el privado”.
 
Retos para la profesión
 
Si hablamos del futuro de la profesión, Faura se queda pensativo y augura que el sector tiene retos importantes. “Desde que yo me incorporé a la profesión hasta hace bien poco, la fuente principal de titulados universitarios de Ciencias Sociales era Empresariales, Económicas y ADE. Esto ya está cambiando y dentro de cinco años veremos una transformación sustancial importante con la relevancia de los graduados en Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM). Cada vez más, nuestros profesionales de auditoría estarán formados en dobles grados en Ciencias Sociales y STEM o muchos en STEM. Ahora no es tan importante que sepas contabilidad en el sentido clásico, porque esto lo hará un programa informático o un robot. El profesional tendrá que ser un experto a la hora de analizar los datos. Incluso puede suceder, ahora que se valora más el relato y los informes de auditoría tienen mucho contenido de relato, que otras disciplinas más vinculadas a las Humanidades pudieran nutrir a la profesión. Necesitamos gente que tenga espíritu crítico, que se atreva a pensar. Este cambio es fundamental para poder dar respuesta al futuro de la profesión”.
 
Otro desafío que vaticina Faura es el reto de crear alianzas. “Las puedes hacer cooperando en un grupo, compartiendo experiencias o directamente fusionándote, que sería la alianza plena y las otras alianzas serían parciales. Lo que nos depara el futuro es de tal envergadura que requiere mucha inversión de recursos. Cuanta más masa crítica tengas de soporte financiero, logístico… más facilidades tendrás para estar al día y no quedarte al margen. Crear alianzas, cooperar y compartir es imprescindible.
 
Está muy sensibilizado con el edadismo y asegura que una de las actividades actuales que practica es combatir las discriminaciones que se dan en la sociedad y también en las firmas, sobre todo en las más grandes, con expresiones que se han ido acuñando como el up o out, o subes o te vas. “Esto no es solidario y creo que las firmas tienen que fomentar equipos intergeneracionales donde se valore lo que pueda aportar cada uno, que es distinto y complementario, y se integre esa diversidad. Es muy importante. Cada grupo puede aportar su visión y experiencia. Otro reto que deben afrontar las firmas es la equidad de género. Los liderazgos futuros tienen que ser más femeninos. Actualmente, el 50% de auditores que entran en las firmas son mujeres, pero solamente un porcentaje mínimo llega a liderarlas”.
 
Nuevas generaciones de auditores
 
Sobre las nuevas generaciones de auditores, el veredicto de Faura es claro: tiene pros y contras. Lo vivió de primera mano cuando era presidente del Col·legi en sus charlas por las diferentes universidades de Cataluña. “La preparación que tienen es buena, pero con déficit de las llamadas soft skills, habilidades como capacidad de interrelacionarse, priorizar, empatizar, cooperar… En mis charlas en las universidades les explicaba a los estudiantes y nuevos licenciados las posibilidades del mundo de la auditoría. Me he encontrado con alumnos con motivación, con mucho interés por la creatividad, un tema que a futuro me parece muy positivo. Pero ahora los alumnos piensan en su plan propio de carrera, no tanto en integrarse en algún equipo. Piensan mucho en su vida personal y es la diferencia que veo en las nuevas generaciones. Valoran menos trabajar en una firma de auditoría, algo que en su día nosotros le dábamos mucha importancia. La auditoría para ellos no es atractiva y este es un elemento que me consta que el Instituto está trabajando mucho con las universidades con diferentes actividades como Auditor por un día. Creo que el Instituto y la profesión, en su acercamiento a los futuros auditores, deberían insistir en este campo más amplio de nuestras actividades. La oferta que hagamos a nuestros universitarios es fundamental. Debemos ser muy sensibles también al cambio de paradigma de `ganarse la vida´ al de `vivir la vida´, esto hay que tenerlo en cuenta de cara a las ofertas que les hagamos. La gente joven de hoy le da más valor a la vida que al trabajo”.
 
En sus charlas y conferencias por las universidades siempre insistía a los alumnos en varios aspectos de interés de la profesión y les recomendaba, fueran o no a dedicarse a la auditoría, trabajar en una firma unos años porque les haría crecer como personas y sería un buen complemento a su formación universitaria. “Existen varias razones: vas a tener una formación permanente, que en las firmas ya tienen estructurada y adquieres de forma continua nuevos conocimientos; porque la firma te va a enseñar una cantidad de competencias y habilidades que van a ser imprescindibles en cualquiera de los aspectos que quieras desarrollar, como temas de expresión oral, escrita, de trabajo en equipo, etc. También te da acceso a metodología. Una de las características más positivas del auditor es el método, algo muy útil en la vida para cualquier aspecto; podrás disfrutar de un entorno de innovación porque nos obliga la coyuntura actual. En muy poco tiempo puedes conocer diferentes tipos de estructuras y organizaciones empresariales, desde pymes a organizaciones empresariales más grandes, entidades sin ánimo de lucro o, por otra parte, distintos sectores económicos como empresas industriales, sector no lucrativo, sector servicios, sector regulado, etc. Todas estas actuaciones en tan poco tiempo solo te las puede enseñar una firma de auditoría”.
 
Un humanista de nuestro tiempo
 
Siempre ha admirado la multidisciplinariedad, no solamente en los servicios que ha prestado sino también en lo personal. Le gusta decir que ha vivido una vida plena. Corría el año 66 y uno de sus primeros trabajos a media jornada, cuando era estudiante, fue llevar la administración y contabilidad en la editorial Kairós. Era una editorial pequeña donde trabajaban cuatro personas y los freelances que publicaban. Allí conoció a Manuel Vázquez Montalbán, en sus inicios, y a Terenci Moix, entre otros. Le abrió las puertas al mundo editorial y literario. Marcó toda su vida hasta hoy. Su inquietud por la literatura nunca desapareció y desde que se jubiló recibe clases en la Universidad. “En mi vida laboral la formación recibida fue extensa y claramente aplicada, permanente. Actualmente me interesa la formación por puro placer, por crecimiento personal y autoconocimiento en un campo cultural más amplio. Desde hace más de seis años estoy estudiando Literatura Universal y Filosofía. Hay una universidad senior, creada por el Colegio de Doctores y Licenciados, donde estudiamos gente de humanidades, de ciencias y otros campos. Llevo estudiando Literatura Universal cuatro años y Filosofía voy a comenzar el tercer curso. Hoy, cuando acabe la entrevista, empiezo mi primera clase sobre filósofos del siglo XIX y XX, de manera virtual, con el profesor Sam Abrams, que estoy deseando comenzar porque hace cuatro meses que no tenemos clase por el Covid y lo echo mucho de menos”.
 
También se ha dedicado a orientar a colegas auditores del Col·legi, que están en fase senior, para apuntarse con él, como Joan Lagen, que fue de los primeros que se interesó por la mediación como actividad del auditor, o Mallafré, Aldomá, Miró, Castillo, Fernández Baños y Soria, entre otros. En el Col·legi se fundó la Comisión de Seniors hace cinco años para que los auditores que están “desde la barrera” puedan aportar y compartir sus experiencias. “No sólo las personas que estamos fuera de la actividad profesional, sino también compañeros que se encuentran en la fase activa y están a punto de jubilarse. Esta Comisión está formada por ocho miembros y se reúne cada trimestre. La Intercolegial, que reúne a unos 100 Colegios de Cataluña, donde hay médicos, ingenieros, economistas, abogados… también tiene su propia Comisión Senior Intercolegial, porque ser senior se da en todas las profesiones”. También convocan sesiones abiertas a todo el colectivo. “El año pasado hicimos unas sesiones vinculadas a las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o Parkinson. Realizamos estas sesiones en el Col·legi, abiertas a todo el colectivo, por si alguien tenía sensibilidad para conocer cómo se producen estas enfermedades, como prevenirlas, cómo tratarlas, cómo influye la familia y el entorno más cercano… Son temas de sensibilización y de compartir inquietudes”.
 
A nivel de formación, también está conectado en los Massive Open Online Course (MOOC). Son cursos que todas las universidades del mundo imparten a través de la red Coursera. Ahora mismo está dando un curso virtual de la Universidad de Palermo sobre la Historia del Arte del Paleolítico al Barroco que, según cuenta, dura dos meses.
 
Durante el proceso de esta entrevista, a Daniel le dieron una gran noticia. Será tesorero en el Ateneu Barcelonès, una asociación de más de ciento cincuenta años que es uno de los principales centros de debate intelectual de Cataluña. “Ya es oficial, ha quedado proclamada la candidatura del Ateneu Barcelonès, en la que estoy de tesorero”. 
 
84 kilómetros de distancia en menos de 24 horas
 
El senderismo es otra de sus pasiones. Se aficionó a este deporte a los 40 años. Precisa que es una actividad que le ha ayudado muchísimo a poder sobrellevar toda la carga profesional y corporativa durante sus años de trabajo. “Mens sana in corpore sano. El contacto con la naturaleza para mí es vital, no puedo estar más de cuatro o cinco días sin conectar con la naturaleza, desde un parque público hasta los Pirineos, lo que sea por conectar con ella”. Su récord en senderismo es la ruta Matagalls-Montserrat. Sale del Montseny y los participantes tienen que recorrer en menos de 24 horas una distancia de 84 kilómetros hasta llegar a Montserrat, con más de 2.000 metros de desnivel acumulado. “Logré con 60 años acabarla en 19 horas después de haberlo intentado siendo más joven y no conseguirlo. En esta batalla senderista me he encontrado a menudo con colegas, como Valentín Pich, presidente del Consejo General de Economistas”. Con el paso de los años terminaría descubriendo que este tipo de acciones forman parte también de las prácticas de mindfulness.
 
Otras de sus debilidades es el Camino de Santiago. Había hecho tramos solo por su cuenta, como el camino francés desde Roncesvalles hasta Logroño o de Logroño hasta Burgos, pero nunca había hecho una etapa con final en Santiago. En septiembre de 2020 un grupo de amigos bastante expertos le invitaron a hacer el Camino Inglés, que sale de Ferrol y son 120 kilómetros hasta Santiago. “Son seis etapas que son cómodas e interesantes. Es un espacio donde te permite compartir una experiencia con un grupo de amigos y con el resto de gente que hace el Camino. También viene bien para autoevaluarte tus propias capacidades físicas y sensoriales”.
 
Son muchas y muy buenas las experiencias que han contribuido a su crecimiento personal. Para él, el reconocimiento es mágico. “Nuestra inquietud de trabajar por cuenta propia obviamente es tener una profesión y ganarte la vida con ella, esta es una primera motivación. Y autodirigirte sería nuestra segunda motivación. Ser tu propio jefe para mí también era importante. La tercera motivación es buscar el reconocimiento. Es un factor que deberíamos tener mucho más en cuenta en cualquier estado de la vida. Desde la educación en la propia infancia, reconocerle a alguien una acción bien hecha es un estímulo muy bueno para las personas y se hace muy poco. Existe un déficit de reconocimientos en general y en la profesión también. Cuando uno vive, casi culminando su carrera desde el año 2014 hasta el 2019, haber recibido cuatro reconocimientos públicos, como el Auditor Distinguido, o el último Fórum del Auditor de Sitges en el que participé como presidente del Col·legi, o el homenaje que nos hizo Faura Casas en el hospital de San Pau, en 2019. Y otro muy importante, en 2014, el premio Mariano Zufía, de la Fundación FIASEP, premio a mi trayectoria en la auditoría pública. Todos estos reconocimientos te riegan el ego. Durante estos 35 años de firma he ido creciendo, desarrollándome y, sobre todo, trabajando y no tienes tiempo para darte cuenta. Cuando se acerca el final de tu carrera y vas recibiendo reconocimientos, realmente percibes que todo ha valido la pena”.
 

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