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FRANCESCO, ESTAMOS EN QUIEBRA, ensayo ganador de los premios “Las Cuentas Cuentan 2021”
 
Florencia, 1470

¡Qué dilema! ¿Qué debería hacer hoy? ¿Pongo mi mejor cara de banquero al que no le interesa la banca o mi cara de curtido humanista y paso a ver los talentosos artistas que están bajo mi protección? Qué dilema, qué dilema… Odio mi sino; Lorenzo “el Magnífico” de Médici (me podría acostumbrar a este último epíteto que he oído sobre mí) nació para admirar la belleza y para difundirla, no para ser un simple banquero que registra cuentas y cuantifica las monedas del banco familiar. Pero si no aparezco hoy por el banco y hago mi pantomima, Francesco Sassetti va a darme uno de sus largos sermones sobre no descuidar mi herencia familiar, por no decir que ayer recibí una corta misiva suya sobre la urgencia de una reunión hoy. Por otro lado, me encantaría ver los progresos de mis artistas y descubrir las obras tan novedosas y talentosas han creado durante estas semanas.

Después de unos breves minutos de conversación interna conmigo mismo, mi parte racional gana el debate. Consigo levantarme y vestirme exquisitamente para mi paseo a caballo al “espléndido” Banco Médici. De camino me paro unos minutos para contemplar la cúpula de Santa María del Fiore. Todavía no consigo imaginar cómo el abuelo Cossimo y Brunelleschi consiguieron hacer de una cúpula monstruosa el emblema de Florencia. Nunca he sido capaz de pasar por aquí y seguir andando como si nada. Necesito pararme y admirar el encanto que desprende. Siempre consigue que me quede sin aliento, y cuando miro alrededor sé que no soy al único al que le sucede. Es tan ingeniosa como colosal. Desconozco cuánto tiempo he estado parado. Cuando consigo deshacerme del hechizo reanudo mi camino.

Un paso dentro del edificio e inmediatamente escucho un suave resoplido que se asemeja mucho a mi nombre. Tengo demasiado poder y riqueza para que sea mucho más fuerte; Sassetti sería un idiota si se atreviese a hacerlo más alto y yo también lo sería si no lo dejase pasar de momento, y eso es lo que hago.

- Buenos días, Francesco -no doy rodeos y voy directo al grano- ¿A qué se debe la urgencia de una reunión conmigo aquí?

- Buenos días, maese Lorenzo. Si le parece bien podemos discutir este asunto en privado.

Dicho eso, me encamino a mi despacho privado con Francesco siguiéndome de cerca. Cuando llegamos observo su cara arrugada de preocupación durante el minuto que parece decidirse sobre cómo abordar la conversación.

- Maese Lorenzo voy a serle franco. Nos encontramos en una situación de extrema importancia. Hace un año que está usted al mando de este banco y ya conoce el motivo por el cual hace unos meses tuvimos que cerrar nuestra sucursal de Londres -hago un ademán de interrumpirle y el hombre automáticamente guarda silencio.

- Por supuesto que sí. No entenderé gran cosa de contabilidad, pero hasta un necio como yo reconoce que, si un miembro de la realeza británica, digamos su impresentable rey Eduardo IV, debe a nuestro banco más de 10.500 florines en préstamos que se niega a devolvernos, tarde o temprano la quiebra era inevitable. Lo peor de todo es que esos préstamos eran fruto de una extorsión comercial. ¡Malditos sean los ingleses por tener la lana más fina de todo el mundo, y nosotros por depender tanto de ella! Y para colmo declararon la guerra de las Rosas que nos arruinó aún más. Francesco recuérdame la barbaridad con la que declaramos insolvente la filial.

- Algo más de 50.000 florines - me dice apesadumbrado.

- ¡Vaya! No recordaba una cifra tan astronómica. Menudos sinvergüenzas. Debemos reducir los préstamos a los gobernantes seculares, son nuestra horma en los zapatos. Se creen que pueden abusar de los bancos porque después no podemos exigirles que nos devuelvan las cantidades. ¿Quién le va a exigir a un rey que devuelva el dinero que debe? Es decir, es posible si quieres perder literalmente la cabeza, pero no es muy prudente que digamos. En fin. Perdona Francesco, continúa con lo que me ibas a decir. Ya conoces mi tendencia a divagar.

- En realidad lo que le quiero decir tiene que ver con algo que acaba de mencionar, señor. Actualmente tenemos dos grandes problemas. Uno con la sucursal de Lyon y otro con la sucursal de Brujas. Esto me está costando decírselo así que se lo voy a soltar y después si desea conocer los detalles, se los daré gustosamente.

- Francesco, me tienes en vilo. Suéltelo ya, como sea. Estoy preparado para oír lo que sea - le tranquilizo porque si el director general del Banco Médici está así, es porque algo vasto y desagradable está pasando. Pocas veces le he visto tan nervioso y con dificultades para hablarme con franqueza.

- Nuestras oficinas en Lyon están en quiebra y la de Brujas está a punto de acabar igual.

Desconozco cómo reaccionar ante esta noticia. Me toma unos minutos procesar la información y encontrarle significado a las palabras. Poco a poco voy uniendo el sentido. Estar en quiebra. Cuando no se puede hacer frente a los pagos con los acreedores, porque las deudas son mayores que los recursos que tenemos. Es decir, nuestro pasivo es bastante mayor que todo el activo que tenemos. Ni siquiera vendiendo todo lo que poseemos alcanzamos a pagar todo lo que debemos. San Mateo Apóstol se apiade de todos nosotrosi. Cuando perdimos Londres, yo acababa de tomar posesión de mi responsabilidad familiar como la cabeza del Banco Médici, y sólo recuerdo que todo era puro caos. Es cierto que no nos afectó tan directamente por nuestra estructura descentralizada, pero que el banco más seguro, grande y fiable de Europa pase por un tropiezo así, afecta a nuestra reputación negativamente, y por consiguiente a nuestras cifras. Y eso a pesar de que padre envió a Angelo Tani a Londres y estabilizó la situación. Yo admito que en el negocio familiar seré un incompetente, pero mis predecesores no se escapan del mismo apelativo por haber nombrado tales impresentables como gerentes de las sucursales.

Respiro hondo varias veces. Me calmo y tomo el valor para preguntar:

- ¿Cómo?

Las emociones que deja ver Sassetti en su cara son una mezcla de alivio, arrepentimiento y renuencia.

- Lionetto de Rossi, el gerente de Lyon, ha estado encubriendo un fraude en las cuentas. Al parecer ha sido demasiado optimista con los préstamos incobrables. Y para tapar esa incompetencia ha estado tomando fondos prestados de otros bancos haciendo parecer que los ingresos eran mayores a los reales.

- Para un segundo. ¿Podrías volver a explicarme eso con palabras más sencillas?

- De Rossi mintió en las cuentas, registrando que había muchos menos préstamos que no íbamos a cobrar de los que realmente había, y para que la mentira fuese más fácil de creer y que no nos diésemos cuenta con nuestro sistema de doble entrada, siguió engañándonos endeudando más a la sucursal pidiendo dinero prestado.

- ¡Dios mío! ¡Incompetente! ¡Estamos rodeados de ignorantes! -grito- Tanto papeleo, tantos libros, ¡todo para nada! ¿Para qué narices hacemos un gasto tan grande en papel, tinta y plumas si luego cualquiera puede venir y llevar la contabilidad como le dé la gana? ¿Si puede mentir en ella y quedarse tan tranquilo? ¡La contabilidad no sirve para nada si su función principal, que es informarnos, no se cumple! Maldita sea, liquidemos ya mi banco y quitémonos estos problemas.

Me dejo llevar por mi repentino arrebato y tiro los papeles que se acumulan en mi escritorio contra la pared, realmente sin preocuparme de si son importantes o no. Exhausto, me dejo caer sobre la silla y me llevo las manos a la cara intentando respirar para llegar a una solución que me libre de tantos problemas. Levanto la cabeza en cuanto escucho el suave carraspeo de Francesco, observo su pálida cara y la forma angustiosa en que traga saliva.

- Si me disculpa maese Lorenzo, debo corregir algo que ha mencionado, y posteriormente comunicarle sobre el asunto de Brujas. La contabilidad no tiene la culpa de que hombres como De Rossi hagan tan vil y mal uso de ella. La verdad es que debo asumir mi parte de responsabilidad porque he descuidado mis obligaciones con este banco, y no me he fijado en los errores que claramente se ven en el libro diario de la filial de Lyon. Tiene usted razón en que la finalidad de que llevemos el registro meticuloso de nuestras transacciones es mostrarnos fielmente la información de la empresa para que podamos tomar decisiones por anticipado y enmendar tales errores. Pero la contabilidad al fin y al cabo es una herramienta, del hombre depende que funcione o no funcione. Incluso el sistema que empezaron a utilizar tus antecesores, la contabilidad de doble entrada, que es el sistema más eficiente y que limita el efecto de errores mediante el registro de cada transacción en debe y haber, y con al menos dos cuentas; incluso este sistema magnífico no nos previene totalmente de los errores. La contabilidad es como las matemáticas, es todo equilibrio hasta que el ser humano que no conoce o que no quiere conocer de ellas, mete su necia mano y la utiliza para su propósito. Pero sigue siendo de lo más importante tener conocimientos básicos de contabilidad, sobre todo si llevas un negocio. La información es poder, y usted que se dedica a la política sabe mejor que nadie a lo que me refiero. La contabilidad nos da información para llevar eficazmente los comercios, y la utilizamos para tomar decisiones, y esas decisiones hacen que los hombres seamos libres. Maese Lorenzo, ya es muy tarde para salvar Lyon, debemos declarar en quiebra la sucursal y liquidarla. Y cuando me refiero a liquidar, digo liquidar, no el estropicio que llevamos a cabo con Brujas traspasando los 50.000 florines de Londres. Admito mi equivocación al proteger a Tomasso Portinari, el administrador de la sucursal de Brujas, ya que si no hacemos algo ahora mismo tendremos que declarar la quiebra. El desastre que está perpetuando para congraciarse con la aristocracia flamenca no es excusable.

Reflexiono sobre las palabras de Francesco Sassetti. Lo que ha dicho tiene mucho sentido. ¿Qué si no, nos separa de las bestias sino nuestro raciocinio y nuestra capacidad de elegir? Las bestias no pueden decidir si obedecen o no a sus instintos, simplemente se dejan llevar por ellos. Y yo, que soy un hombre instruido con una gran riqueza, que puedo elegir si trabajar o no trabajar, si adquirir el mecenazgo sobre otro talentoso artista, si almuerzo carne o pescado; yo soy libre porque puedo elegir. Y en la política es un hecho que la información correcta te puede dar todo el poder sobre tus oponentes. Soy un necio por no haberme interesado en la contabilidad y en mi negocio familiar, podría haber mejorado y prevenido la situación. Pero aún puedo ayudar. Tal vez sea irreversible el estado de Lyon, no obstante, todavía soy capaz de remediar la condición de Brujas. Tal vez si dejo de llevarme por mis deseos y me llevo mejor por mi deber familiar, que me lo ha dado todo, al fin pueda hacer algo remarcable.

- Deseo pedirte un favor Francesco. Pero antes quiero que me contestes a una pregunta sobre la contabilidad de doble entrada.

- Lo que me pida, maese.

- Hace poco, ¿no vino por aquí un hombre preguntando por eso mismo?

- Hmm… ¡Sí! Vino preguntando por usted, pero le despachó al preguntarle sobre nuestros sistemas contables, debido a que está recogiendo en un libro los conocimientos para que puedan utilizarse por más comercios. Si no me equivoco era un franciscano llamado Luca Pacioli.

- ¡Excelente! Búsquelo y que venga lo antes posible aquí. Mi deseo es que él y usted, Francesco, me instruyan. Lorenzo “el Magnífico” de Médici ha decidido que quiere aprender contabilidad. Como dijo Platón “es más valiente el que conquista sus deseos que el que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo”.
 
i San Mateo Apóstol es el patrono de los contables
 
Escrito por: Nicole Quesada González, estudiante de segundo curso del doble grado en Derecho y Economía de la Universidad Carlos III de Madrid. 

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