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Septiembre de 2019.
 
En los últimos tiempos parece que todo el mundo habla del blockchain. Pero, ¿qué podría implicar para los auditores? ¿Disponer de información verificada e imposible de modificar reduce la necesidad de auditoría o simplemente cambia el enfoque de las responsabilidades del auditor?
 
En primer lugar, resumamos rápidamente qué se entiende por  blockchain, limitando el análisis a su uso para obtener información financiera y operativa.
 
El blockchain es una tecnología que puede brindar una verificación permanente e inmutable acerca de transacciones financieras y operativas en tiempo real. Se trata de un registro digital compartido de transacciones o información de cualquier valor entre dos o más partes. Es un libro mayor descentralizado y distribuido, lo que implica que las transacciones se comparten y replican en tiempo real en ordenadores ubicados en cada nodo, lo que brinda una única fuente de veracidad independiente y verificable. Las transacciones se almacenan en «bloques», que pasan a formar parte de una «cadena» contigua, y cada bloque cuenta con una «marca temporal» y está verificado continuamente por los bloques que lo preceden y anteceden. Esto hace que el libro mayor esté práctica y permanente protegido frente a falsificaciones: una fuente de veracidad compartida que utiliza la criptografía pública y privada para firmar transacciones digitalmente.
 
Si una organización ejecuta su propia cadena de bloques para registrar transacciones financieras u operativas, esta es «privada», lo que implica que la empresa puede escribir su propio código para la cadena de bloques y controlar quién tiene acceso a ella.
 
 

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