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NIA 260: cómo convertir la auditoría en una herramienta estratégica para la gobernanza
 
En un entorno empresarial cada vez más exigente, la transparencia y la calidad de la información financiera son pilares fundamentales para la confianza de inversores, reguladores y sociedad en su conjunto. En este contexto, la Norma Internacional de Auditoría (NIA) 260 revisada no es un mero requisito técnico, es la herramienta que convierte la relación entre el auditor y el órgano de gobierno en un auténtico diálogo estratégico. ¿Y por qué debería importar especialmente  a los consejos de administración? Porque de esta comunicación depende, en gran medida, la capacidad de supervisión efectiva y la solidez de la gobernanza.
 
La NIA 260 establece las responsabilidades del auditor para comunicarse con los responsables del gobierno de la entidad durante la auditoría de los estados financieros. Su objetivo no es meramente cumplir un trámite, sino garantizar que el consejo disponga de información crítica para ejercer su función fiduciaria. Desde el 1 de enero de 2025, su aplicación es obligatoria en España para todas las auditorías de cuentas anuales. Esto significa que, en la actualidad, mientras se  llevan a cabo los trabajos de auditoria correspondientes al ejercicio iniciado en esa fecha, la norma está plenamente en vigor.
 
La norma concibe la comunicación como un proceso bidireccional que aporta beneficios esenciales para ambas partes. Por un lado, auditor y consejo comparten contexto, expectativas e información clave, lo que permite al auditor acceder a información estratégica.  Por otro, el consejo recibe alertas tempranas sobre riesgos, lo que facilita anticiparse ante posibles problemas. Ambos beneficios se resumen en un tercero: el refuerzo de la supervisión, ya que se reduce el riesgo de que el auditor pase por alto incorrecciones materiales  y se da la oportunidad de fortalecer los controles internos, por parte de la Dirección, ante nuevas situaciones de riesgo.
 
Pero ¿cuáles son los puntos críticos que el consejo debe saber?  En primer lugar, es esencial comprender las responsabilidades y el alcance del trabajo del auditor, incluyendo  su rol, el calendario y el enfoque del trabajo. También debe estar al tanto de los riesgos significativos, es decir, aquellas circunstancias que, según la  opinión del auditor, pueden afectar de forma significativa a los estados financieros. Esta comunicación es un sistema de alerta temprana para cuestionar decisiones y anticipar problemas.
Otro elemento clave son los aspectos cualitativos de la contabilidad, para evaluar si, más allá del cumplimiento, las políticas reflejan fielmente la realidad económica. Además, el consejo debe conocer cualquier dificultad encontrada durante la auditoría como retrasos, falta de información o restricciones, ya que son señales sobre la transparencia interna.
 
Por último, es fundamental garantizar la independencia del auditor ya que se trata de una garantía de objetividad. El consejo debe revisar relaciones, honorarios y salvaguardas.
 
La norma también exige que la comunicación sea oportuna y debidamente documentada. No basta con recibir un informe final: el consejo debe acordar desde el inicio el formato, la frecuencia y los interlocutores. Además, se recomienda mantener reuniones periódicas con el auditor sin la presencia de la dirección ejecutiva para tratar cuestiones sensibles con total libertad.
 
En este contexto, nos preguntamos: ¿qué implicaciones estratégicas y buenas prácticas debería implementar el consejo de administración? En primer lugar, asumir un rol activo, anticipándose y solicitando conversaciones con los auditores sobre riesgos para poder adoptar sus decisiones clave y hacerlo lo antes posible. También es fundamental definir protocolos claros desde el inicio para  evitar malentendidos con su interlocutor, en este caso el auditor, estableciendo sus expectativas  Finalmente,  la información recibida no debe limitarse a un mero conocimiento, las alertas del auditor deben integrarse en la estrategia y en la supervisión del equipo directivo.
 
Aplicar la NIA 260 con rigor no significa solo cumplir la ley: es demostrar una gobernanza proactiva y responsable. Un consejo que dialoga eficazmente con su auditor no solo protege la integridad financiera de la empresa, sino que refuerza su reputación y la confianza de todos los grupos de interés.
 
Es evidente que, dependiendo del tamaño de la empresa, de su órgano de gobierno y de su idiosincrasia propia, la relación puede ser muy diferente. En algunas organizaciones, esta comunicación  puede ser puntual y deberá ser sustentada mediante documentación escrita dentro del protocolo del auditor. En otros casos, la comunicación será menos formal y de forma continuada durante la auditoría. En cualquier caso, el auditor deberá dejar constancia en sus papeles de trabajo de que dicha comunicación ha existido y se ha transmitido puntualmente.
 
En definitiva, cuanto más cercana sea la relación con el auditor, mayor será el valor estratégico para el consejo: mejores decisiones, menor riesgo y una gobernanza capaz de marcar la diferencia.
 
 
M. Eugènia Bailach Aspa es socia de Auren Auditoría.

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