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Víctor Alió: “La doble materialidad no debe percibirse como una carga administrativa, sino como una herramienta útil para mejorar la gestión empresarial”
 
25 de marzo de 2026.
 
José Manuel Rodríguez Luis, presidente del Instituto de Censores Jurados de Cuentas de Santa Cruz de Tenerife y doctorando en sostenibilidad, ha entrevistado a Víctor Alió Sanjuán, presidente del Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España, en el marco del análisis de los principios de la doble materialidad. Bajo la premisa de que “la doble materialidad no debe percibirse como una carga administrativa, sino como una herramienta útil para mejorar la gestión empresarial”, la conversación abordó este enfoque desde una perspectiva analítica e investigadora. Asimismo, se destacó el papel del auditor en la verificación de estos procesos, como elemento clave para garantizar la fiabilidad de la información no financiera y de sostenibilidad. El diálogo se enmarca en una línea de investigación orientada a profundizar en los mecanismos de control y mejora continua en el ámbito corporativo.
 
¿Cree que tiene relevancia el análisis del principio de doble materialidad para las empresas?
 
El principio de doble materialidad es un pilar fundamental para la estabilidad de los mercados. Representa un avance significativo en la evolución del reporting corporativo por varias razones:
 
En primer lugar, introduce un enfoque integral que obliga a analizar la sostenibilidad desde dos dimensiones complementarias. Por un lado, cómo los factores ambientales, sociales y de gobernanza pueden afectar a la situación financiera, económica, a los resultados o a la continuidad de la empresa. Y, por otro lado, cómo la propia actividad de la empresa impacta en el entorno.
 
En segundo lugar, la doble materialidad contribuye a mejorar la calidad de la información disponible. Esto resulta relevante tanto para inversores como para entidades financieras, aseguradoras y otros grupos de interés. Una aplicación rigurosa de este principio ayuda a reducir la asimetría informativa y favorece una mayor homogeneidad en la información que las empresas ponen a disposición del mercado.
 
Además, desde el punto de vista interno, obliga a las compañías a desarrollar procesos más estructurados de análisis y de trazabilidad documental. Esto tiene un impacto positivo en toda la organización, ya que no se trata simplemente de un ejercicio formal, sino de un proceso que eleva los estándares de gobernanza y de control interno dentro de la empresa.
 
Dicho esto, también considero importante que la aplicación de este principio se realice con rigor, pero también con proporcionalidad. No se trata de sobredimensionar los procesos ni de transformar completamente la estructura de una empresa sin necesidad. Lo fundamental es centrarse en aquellos asuntos que realmente son significativos.
 
En este sentido, el papel del auditor o del verificador independiente será esencial para evaluar la solidez del proceso seguido por la empresa.
 
En definitiva, la doble materialidad puede contribuir a mejorar la gestión de riesgos y, al mismo tiempo, ofrecer una oportunidad para reforzar la confianza de inversores y financiadores en un entorno cada vez más exigente en términos de responsabilidad corporativa y transparencia informativa.
 
¿Según su experiencia, cuáles cree que son las principales barreras para la introducción de la doble materialidad en empresas?
 
La doble materialidad es un pilar metodológico esencial para la obtención de la información de sostenibilidad. En ese sentido, considero que existen varias barreras importantes:
 
La primera tiene que ver con la complejidad técnica y metodológica. El proceso exige identificar, evaluar y priorizar cuestiones tanto desde la perspectiva del impacto financiero como desde el impacto que la empresa genera en su entorno. Esa combinación entre la dimensión financiera y la no financiera introduce una complejidad relevante.
 
Muchas organizaciones, especialmente aquellas con menor experiencia previa en reporting no financiero carecen de esa visión —por así decirlo— en “tres dimensiones”, integrando ambas perspectivas de forma simultánea. Por ello, este enfoque requiere metodologías estructuradas, criterios claros de evaluación y herramientas adecuadas para poder aplicarlo correctamente.
 
Otra barrera importante es la integración transversal dentro de la organización. La sostenibilidad no implica únicamente al departamento financiero, sino también a áreas como riesgos, cumplimiento normativo, estrategia empresarial y, por supuesto, a la alta dirección. La falta de coordinación entre departamentos o la ausencia de una estructura sólida de gobernanza corporativa puede ralentizar o complicar la implantación de estos procesos.
 
También encontramos dificultades relacionadas con la disponibilidad y calidad de la información. No es posible medir adecuadamente si no se dispone de datos fiables, trazables y comparables. En muchas empresas, los sistemas de información todavía no están completamente adaptados para capturar las métricas necesarias en materia ESG. Por ello, todavía existe una cierta brecha entre la capacidad de obtener información financiera y la de obtener información no financiera con el mismo nivel de rigor.
 
Otra barrera está relacionada con la cultura empresarial y la percepción de la sostenibilidad. Si se percibe únicamente como un requisito normativo que hay que cumplir, es difícil que tenga un impacto real en la organización. El verdadero valor aparece cuando la sostenibilidad se entiende como una herramienta estratégica para la gestión de riesgos y oportunidades.
 
Por último, también es importante tener en cuenta el principio de proporcionalidad. En empresas de menor tamaño, la implantación de procesos de doble materialidad debe adaptarse a sus capacidades y recursos.
 
En cualquier caso, creo que estas barreras forman parte de un proceso natural de maduración del sistema de reporte de sostenibilidad. Estamos todavía en una fase inicial. Con el tiempo, a medida que se desarrollen metodologías más adecuadas, se incremente la formación especializada y se consoliden los procesos de verificación independiente por parte de los auditores, la calidad y la confianza en esta información mejorarán de forma significativa.
 
Y aquí me gustaría destacar también el papel de los auditores. Creo que podemos contribuir a reforzar la fiabilidad del sistema, evaluando la consistencia de los procesos seguidos por las empresas y aportando seguridad al mercado. En definitiva, esto puede ayudar a fortalecer la confianza y aportar estabilidad al conjunto del sistema.
 
¿Cree que las empresas medirán e informarán más sobre el principio de doble materialidad en el futuro?, ¿en qué escenario temporal situaría este hito?, y ¿cómo se podría incentivarlas para que informen sobre este aspecto?
 
La información corporativa en materia de sostenibilidad ha dejado de ser un ejercicio voluntario para convertirse en un elemento estructural del marco regulatorio europeo. Creo que, a medida que avance dicho entorno regulatorio europeo, es razonable prever que las empresas irán incrementando la información sobre sostenibilidad que elaboran y reportan.
 
En cuanto al plazo temporal, considero que no será algo inmediato. Menos de un año, probablemente no, dada la falta de transposición de la Directiva a la normativa española, pero sí creo que ocurrirá a corto plazo. Si tuviera que situarlo en un horizonte concreto, me inclinaría más por un periodo de entre uno y dos años. Si me hubieras hecho esta pregunta hace un año y medio, quizá habría respondido de otra forma, pero ahora creo que el proceso ya está empezando a encauzarse.
 
Además, creo que se está generando un entorno en el que la sostenibilidad no se percibe únicamente como una obligación normativa, sino también como una herramienta de gestión. Y ese es precisamente el mensaje que debemos transmitir.
 
En cuanto a los factores que pueden impulsar este avance, destacaría varios elementos clave:
 
En primer lugar, la armonización normativa y la estabilidad regulatoria. Es fundamental reducir la incertidumbre y clarificar las interpretaciones de la normativa para que las empresas puedan aplicar estos marcos con mayor seguridad.
 
En segundo lugar, el aumento de la demanda de información por parte de los principales grupos de interés, especialmente inversores, financiadores y entidades de crédito. Si estos actores incorporan de manera sistemática los factores ESG en sus procesos de análisis y decisión, eso se convertirá en un incentivo importante para que las empresas mejoren su información y su reporte.
 
En tercer lugar, la digitalización y la mejora de los sistemas de obtención y gestión de datos. A medida que las empresas dispongan de sistemas más robustos y eficientes para capturar información, les resultará más sencillo generar y reportar información de sostenibilidad de forma fiable.
 
En cuanto a cómo incentivar a las empresas, creo que no debemos centrarnos exclusivamente en la exigencia normativa. Decir simplemente que es una norma que hay que cumplir no es un incentivo especialmente efectivo.
 
Lo realmente importante es generar un entorno que premie la transparencia informativa y el rigor en la elaboración de la información. Es clave consolidar un ecosistema basado en el rigor técnico, la proporcionalidad y la fiabilidad.
 
De este modo, la doble materialidad no se percibirá como una carga administrativa adicional, sino como una herramienta útil para mejorar la gestión empresarial.
 
¿Qué acciones del auditor podrían facilitar o ayudar a las empresas para la introducción del análisis de la doble materialidad?
 
El auditor puede desempeñar un papel decisivo para facilitar la correcta implantación de la doble materialidad en las empresas, tanto en su función de verificador como, en algunos casos, en su posible faceta de consultor.
 
Desde esa perspectiva, existen varias líneas de actuación en las que el auditor puede aportar valor:
 
En primer lugar, mediante la evaluación temprana de los controles. El auditor puede analizar la solidez del proceso que la empresa utiliza para identificar y priorizar las cuestiones materiales. Esta revisión estructurada permite detectar debilidades y promover mejoras incluso antes de la emisión del informe, reforzando así la fiabilidad del proceso. En este sentido, el auditor puede revisar aspectos como la metodología utilizada, los criterios de evaluación, la trazabilidad y la documentación del proceso.
 
En segundo lugar, el auditor puede contribuir a fortalecer el control interno. La información debe ser consistente y verificable, por lo que resulta fundamental que la empresa disponga de sistemas adecuados para la obtención y gestión de los datos. Gracias a su experiencia, el auditor puede recomendar mejoras en cuestiones como la definición de responsabilidades internas, la estructura de los procesos para la obtención de la información, los mecanismos de supervisión o el funcionamiento de los sistemas de captura y consolidación de datos y de la información.
 
También es importante destacar la dimensión formativa y de orientación técnica. El sector de la auditoría cuenta con una amplia experiencia y conocimiento que puede ayudar a las empresas a comprender mejor las exigencias regulatorias y las buenas prácticas observadas en el mercado. Esto puede facilitar una implantación más eficiente de los procesos relacionados con la sostenibilidad.
 
Otra área relevante es el impulso de una cultura de materialidad a nivel estratégico. Los auditores suelen tener interlocución directa con la alta dirección de las empresas y con las comisiones de auditoría, lo que les permite trasladar un mensaje clave: la doble materialidad no debe entenderse como un ejercicio formal o meramente documental, sino como una herramienta de gestión para identificar riesgos y oportunidades.
 
Si esta visión estratégica no se transmite a toda la organización, el proceso puede acabar percibiéndose simplemente como una obligación normativa, lo que dificultaría una implantación adecuada.
 
Por último, el papel del auditor como verificador independiente también resulta fundamental. La existencia de una revisión externa fomenta la mejora continua. A lo largo de los años, mediante recomendaciones, posibles salvedades o sugerencias de mejora, el auditor contribuirá sin duda a que las empresas vayan elevando progresivamente los estándares de calidad de la información que elaboran y reportan.
 
Para los procesos de verificación o de reporting. ¿Qué formación específica o fuentes de información, cree que serían las más idóneas para la introducción de los principios de doble materialidad en las empresas?
 
Creo que la calidad de la información depende en gran medida del nivel de capacitación de las personas que intervienen tanto en la preparación como en la verificación de esa información. Ese es, en mi opinión, el pilar fundamental.
 
Por ello, la formación debe ser permanente. No se trata de una actualización puntual, sino de un proceso continuo de aprendizaje y actualización.
 
Desde mi punto de vista, la formación debería apoyarse en cuatro pilares fundamentales:
 
El primero es el conocimiento del marco normativo europeo. Es imprescindible conocer la directiva y, por supuesto, toda la normativa nacional que se derive de su transposición. Además, también es importante tener en cuenta las guías interpretativas y los documentos que puedan emitir tanto organismos internacionales como autoridades nacionales. El conocimiento del marco normativo es fundamental y, además, bastante complejo.
 
El segundo pilar es el conocimiento de las normas de aseguramiento y de los estándares europeos de reporte de sostenibilidad (ESRS) aplicables a la verificación. Para los verificadores es esencial comprender bien cuál es el alcance de su actuación profesional, qué tipo de trabajo deben realizar y cuáles son los requisitos que deben cumplir. En este sentido, las corporaciones profesionales —como el Instituto de Censores Jurados de Cuentas (ICJCE) u otras organizaciones del sector— pueden desempeñar un papel importante a través de programas formativos específicos, jornadas de actualización normativa, publicaciones técnicas y documentos de orientación.
 
El tercer pilar consiste en dominar metodologías de análisis de riesgos e impactos. Este tipo de metodologías no se adquiere de manera automática; requiere formación específica y actualización constante. Es necesario desarrollar capacidades para identificar y evaluar riesgos, analizar impactos reales y potenciales sobre el entorno de la empresa, aplicar técnicas de priorización y establecer criterios de ponderación de esos riesgos.
 
El cuarto pilar tiene que ver con una formación interdisciplinar y con el conocimiento de herramientas tecnológicas. La sostenibilidad y la doble materialidad requieren perfiles con una visión transversal. Por ello, es necesario complementar la formación con conocimientos en ámbitos que tradicionalmente no formaban parte del trabajo de auditoría, como los análisis relacionados con el cambio climático, la transición energética, los derechos humanos o la gestión de las relaciones laborales dentro de la empresa. Además, también es fundamental manejar herramientas tecnológicas y sistemas de información que permitan recopilar, gestionar y analizar todos esos datos.
 
En definitiva, el incentivo más eficaz para mejorar la calidad del proceso es promover una formación continua, estructurada y acreditada, que permita a las empresas y a los profesionales identificar claramente qué conocimientos necesitan adquirir y cómo pueden obtenerlos.
 
La mayoría de los auditores a los que he preguntado consideran que la presión de los stakeholders hace que el auditor, al que le parece relevante el análisis de la Doble Materialidad, se interese en que se informe por parte de la entidad auditada, y que este mismo auditor exija a tales empresas la aplicación de este principio en su estado de información no financiera o informe de sostenibilidad. ¿Qué opina acerca de este resultado?, ¿coinciden con su opinión?
 
Creo que es fundamental que los departamentos de contabilidad y financieros de las empresas estén adecuadamente formados y que también desarrollen competencias en materia de doble materialidad. No podemos centrarnos únicamente en la formación de los auditores sin exigir también una preparación adecuada a los departamentos financieros.
 
Por tanto, coincido con mis colegas, considero que la formación de estos departamentos debe ser mucho más transversal. No solo deben dominar la información financiera, sino también comprender la información no financiera y los conceptos relacionados con la sostenibilidad.
 
Esto implica desarrollar la capacidad de identificar riesgos derivados de factores ESG y evaluar los impactos asociados. También es necesario que conozcan las herramientas disponibles para obtener, gestionar y analizar los datos necesarios para este tipo de análisis.
 
En general, todas estas habilidades resultan fundamentales dentro de los departamentos financieros si queremos que el proceso de doble materialidad se implemente correctamente.
 
En definitiva, para que el sistema funcione y las verificaciones posteriores se realicen con garantías, es necesario que ambas partes —las empresas y los auditores— estén preparadas. Son dos pilares que deben funcionar conjuntamente.
 
¿Qué perfiles o competencias profesionales, cree usted, serían los idóneos en el departamento de contabilidad para la implementación de los principios de la doble materialidad?
 
Creo que se trata de perfiles muy transversales, que deben combinar el conocimiento tradicional de la información financiera con una visión estratégica más amplia de lo que implica la sostenibilidad.
 
Esto requiere, por ejemplo, capacidad para analizar riesgos y para realizar análisis prospectivos. También es fundamental el conocimiento de los sistemas de control interno y de la trazabilidad de los datos, porque si los datos no son fiables, el proceso pierde sentido. Por ello, la solidez de los sistemas de control resulta esencial.
 
Las personas que trabajen en sostenibilidad dentro de los departamentos financieros deben contar con esa capacitación. Además, también es importante desarrollar competencias digitales y habilidades en gestión de datos, ya que gran parte de la información necesaria debe ser recopilada, organizada y analizada mediante herramientas tecnológicas.
 
Por supuesto, es imprescindible una formación técnica en normativa de sostenibilidad. Los profesionales deben conocer bien el marco normativo europeo, la directiva correspondiente, los estándares aplicables y todas las obligaciones que se derivan de ellos.
 
Junto a estos conocimientos técnicos, también hay habilidades más transversales o soft skills que resultan muy relevantes. Una de ellas es la capacidad de coordinación. La sostenibilidad no es un ámbito exclusivo del área contable o financiera; implica también otras áreas como riesgos, operaciones, recursos humanos, alta dirección y, en general, a toda la operativa del negocio.
 
Por ello, el departamento financiero debe tener la capacidad de coordinar la información que proviene de distintos departamentos, organizar los flujos de datos, canalizarlos adecuadamente y estructurar la información para su posterior reporte.
 
Si los departamentos financieros logran incorporar perfiles con estas competencias, se abre una oportunidad interesante: que el área financiera deje de ser únicamente un departamento dedicado al registro de transacciones o a reflejar la situación de la empresa en términos contables.
 
Podría convertirse, en cambio, en un verdadero eje integrador de la información corporativa, capaz de gestionar información histórica, actual y prospectiva, tal y como exige el enfoque de sostenibilidad.
 
En el marco de la Directiva de información de sostenibilidad CSRD UE 2022/2464 ¿Considera relevante el proceso de verificación externa de la información en materia de sostenibilidad proporcionada por las empresas?
 
Como auditor y garante de la información corporativa, considero que esta debería verificarse en todos los casos. Quizá podrían contemplarse excepciones en empresas muy pequeñas, pero hay que tener en cuenta que los estándares actuales se aplican a empresas de gran tamaño.
 
Por ello, en los niveles en los que nos movemos actualmente —similares a los del estado de información no financiera— creo que la verificación debería ser obligatoria. Incluso si habláramos de empresas a partir de unos 250 trabajadores, también sería partidario de mantener esa obligación de verificación.
 
El único escenario en el que quizá podría plantearse una verificación voluntaria sería si, en algún momento —algo que creo que todavía está lejos— la información de sostenibilidad se extendiera hasta niveles mucho más bajos, como el ámbito de las pymes más pequeñas.
 
En ese caso, podría ocurrir algo similar a lo que sucede actualmente con la información financiera: existe un conjunto de empresas de menor tamaño que no tienen un carácter sistémico ni un impacto significativo, y para ellas podrían plantearse ciertas exenciones en materia de verificación.
 
Pero en los niveles actuales —los mismos en los que se ha estado moviendo la información no financiera a través del estado de información no financiera— soy partidario de que la verificación sea obligatoria en todos los casos.
 
La razón es clara: la verificación contribuye a garantizar la fiabilidad de la información. Si se deja únicamente a la iniciativa de las empresas, la información no financiera tardaría mucho más tiempo en consolidarse como información verdaderamente fiable.
 
¿Hasta qué punto cree que las firmas de auditorías están realizando la verificación de la información de doble materialidad?, y bajo su opinión, ¿qué perfil de auditor podría realizar tal verificación?
 
El retraso en la transposición de la normativa dejó en cierta medida en standby muchas de las iniciativas que las firmas estaban desarrollando para preparar equipos especializados. Sin embargo, en la medida en que la normativa europea establece la obligación de verificación y que ya se han confirmado los límites, antes o después, acabará implantándose en España, por lo que las firmas siguen trabajando en esa dirección.
 
En concreto, están desarrollando metodologías específicas para evaluar la robustez de los procesos que utilizan las empresas para identificar y priorizar los asuntos materiales, así como para analizar la coherencia entre los impactos identificados y los riesgos financieros asociados. También están prestando atención a la trazabilidad documental y a la consistencia de la información.
 
En definitiva, las firmas están preparando metodologías y herramientas para poder revisar y verificar adecuadamente la información de sostenibilidad cuando esta se generalice.
 
Creo que ahora mismo estamos en una fase de consolidación progresiva. Empezamos hace tiempo con los estados de información no financiera, lo que permitió ir construyendo ciertos estándares y acumulando experiencia. Desde 2024, muchas firmas han realizado ya proyectos relacionados con la sostenibilidad, aunque actualmente algunos procesos —como la creación de departamentos específicos de verificación de sostenibilidad— se encuentran algo más ralentizados por la incertidumbre normativa.
 
Aun así, las firmas continúan invirtiendo en formación, desarrollando herramientas y diseñando marcos metodológicos que les permitan abordar la complejidad técnica del análisis de doble materialidad.
 
En cuanto al perfil de los auditores, no hablaría de un único perfil concreto. Lo importante es que los profesionales combinen las competencias tradicionales de auditoría con conocimientos específicos en materia de sostenibilidad.
 
Si una firma o un auditor quiere convertirse en verificador de información de sostenibilidad, necesariamente debe adquirir esos conocimientos y desarrollar una formación técnica específica en este ámbito.
 
Además, es importante reforzar las competencias en aseguramiento y control interno, especialmente en aquellos casos en los que el auditor esté más especializado en auditoría financiera tradicional. Las técnicas de aseguramiento en sostenibilidad no siempre son idénticas a las de la auditoría financiera, por lo que es necesario ampliar las capacidades en análisis de control interno, capacidad analítica y visión estratégica.
 
En este contexto, el enfoque más adecuado probablemente sea multidisciplinar. Las firmas deberán incorporar equipos con perfiles diversos —especialistas en distintas áreas— bajo la coordinación de un auditor que tenga la capacidad de integrar ese trabajo, coordinar la información, revisarla y confiar en las verificaciones realizadas por profesionales con competencias distintas a las puramente financieras.
 
De esta manera, será posible abordar la verificación de la información de sostenibilidad con el rigor, la confianza y la solidez que exige esta actividad profesional.
 
 
Para la investigación que ha motivado la entrevista, se agradece la cofinanciación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través de la Agencia Estatal de Investigación y la Unión Europea - Proyecto PID2023-146084OB-I00- y la participación de los investigadores Alfonso Aranda-Usón y Sabina Scarpellini.

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